En claro contraste con las religiones paganas, la experiencia cristiana no se basa en lo oculto, sino en lo revelado. No es una constante y progresiva búsqueda iniciática del hombre para descubrir los secretos de Dios, sino la manifestación directa de Dios al hombre. Por tal razón, el culto cristiano difiere en sus formas de todos los demás ritos religiosos: es luz reveladora, no tinieblas misteriosas. Sin embargo, ello no ha sido impedimento para que el sentido de la adoración y las formas utilizadas por el hombre para expresar sus sentimientos en el culto a Dios se hayan ido...