Donde menos se piensa salta el gatoliebre
Acerca de esta obra
Respetables colegas, y público en general, no hay más poética que el poema: obras son amores. ¡La expresión, dios, la expresión! Por otra parte, la escritura ha empezado a perder para mí algunos de sus misterios: la poesía se escribe cuando se puede y sólo confío en preacticarla con rigor -guárdate, Fabio, de poeta que no borra-, y honestidad. La literatura es algo que no siento de manera especial en mi vida. Es mi forma de ser y mi forma de estar aquí y ahora. No es una parcela privilegiada, sino un continuum absolutamente natural. Como Vallejo tengo la convicción de que hay que ser poeta hasta el punto de dejar de serlo. En ocaciones, quiero escribir, pero me sale espuma. Entonces cierro el cuaderno. Desprecio la poesía a la que se nota el truco y el poema -como escribió Lihn- lleno de cartas marcadas. ¡ay, la prueba de la situación! Detesto la poesía escrita con la mano ensimismada de Onán, la poesía contemplativa del autista, la poesía clónica, el fotocopiado ad nauseam, el pensamiento débil y la vacuidad. Hágase la Paz: "Cantan los pájaros, cantan/ sin saber lo que cantan:/ todo su entendimiento en su garganta". Parafreando a Salinas, la galería de escribidores es copiosa, y creo que es saludable que así sea. Los prestigios del momento no me interesan porque todo fluye. Y sólo puedo desear que sigan dando recitales, ganando premios y -como pide Monterroso- sean editadas sus obras por el Estado a todo lujo, empastadas en piel y con ilustraciones. Ah, y que yo las lea.
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