El sello y la pluma

Sinopsis del Libro

La emisión de un sello postal siempre obedece a un motivo: conmemora un episodio en particular y lo fija en el tiempo. Coleccionar es un instinto humano básico y muy antiguo. La filatelia es más que una mera afición o hobby: es una verdadera pasión que revela mucho más que lo que cada estampilla conmemora en sí misma. Los sellos postales nos permiten viajar a cualquier país sin necesidad de pasaporte; de su mano se podrá conocer al hombre y su entorno: la aldea, la populosa ciudad, el orbe; pisar su suelo, contemplar sus paisajes, su flora, su fauna; adentrarse en su historia, con sus luces y sombras; conocer su cultura, sus ritos, su música... Desde una perspectiva simple, un sello postal es un pequeño trozo de papel impreso con un valor por el servicio de correo de un destino a otro. Pero no es sólo eso. Para el coleccionista, los sellos postales son un universo de relojes detenidos en un tiempo preciso, cada uno contiene una historia. La filatelia es una guía que conduce a los libros y en ellos se aprende a mirar intelectualmente los hechos, la sociedad, el mundo... la vida. A educarse con lucidez, a reconocer los valores, las luces y las sombras de los pueblos y de los hombres en el devenir de su historia. El estudio de las estampillas, es la puerta de entrada a un mundo de realidades, mitos y leyendas. Un mundo que puede abordarse desde la historia o la ficción, lo abstracto o lo específico; un mundo que involucra tanto al individuo como a la colectividad en su relación con sus tradiciones o sus ideas de avanzada. Un mundo que reviste un interés particular precisamente por su capacidad de descubrir, de extraer del objeto coleccionado historias apasionantes que revelan el espíritu por preservar la memoria que da sentido a la efeméride.

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Biografía de Carlos Ibañez

Carlos Ibañez del Campo, nacido el 18 de noviembre de 1877 en La Serena, Chile, fue un destacado político y militar chileno, conocido por su influencia en la historia política del país durante la primera mitad del siglo XX. Su vida y carrera están marcadas por una serie de eventos que han dejado una huella duradera en la política chilena.

Hijo de una familia de clase media, Ibañez estudió en el Colegio San Ignacio y luego ingresó a la Academia Militar Bernardo O’Higgins, donde se graduó como teniente en 1897. Su carrera militar se desarrolló en el contexto de una Chile que se encontraba en plena transformación social y política. Durante sus años en el ejército, Ibañez se distinguió por su liderazgo y habilidades estratégicas, lo que lo llevó a ascender rápidamente en las filas militares.

Su carrera política comenzó a tomar forma cuando, en 1924, se convirtió en Ministro de Guerra bajo la presidencia de Arturo Alessandri. Sin embargo, su ascenso al poder se consolidó con su primer mandato presidencial, que comenzó en 1927. Ibañez llegó al poder tras un golpe de estado que derrocó al presidente Alessandri, y su gobierno se caracterizó por una serie de reformas que buscaban modernizar el país y consolidar el poder del Estado.

Durante su gobierno, Ibañez impulsó una serie de políticas económicas y sociales. Se enfocó en la modernización de la infraestructura del país, promoviendo obras públicas que mejoraron significativamente las condiciones de vida de muchos chilenos. Asimismo, implementó una reforma agraria que buscaba redistribuir tierras a los campesinos, aunque su impacto fue limitado y generó tensiones con los grandes propietarios agrícolas.

Uno de los aspectos más controvertidos de su gobierno fue el enfoque autoritario que tomó en ciertos momentos, incluidas las restricciones a la libertad de prensa y la represión de la oposición política. A pesar de esto, Ibañez también fue visto como un líder carismático que movilizó a las masas en torno a su figura.

Sin embargo, su primera presidencia llegó a su fin en 1931, cuando se vio obligado a renunciar debido a una grave crisis económica y social que afectaba al país. La Gran Depresión había tenido un impacto devastador en la economía chilena, y la falta de aceptación popular provocó su caída. Tras su renuncia, Ibañez se exilió en el extranjero y pasó varios años en Estados Unidos y Europa, donde continuó su vida política y conectó con diversos líderes internacionales.

En 1938, regresó a Chile y se mantuvo activo en la política. A pesar de haber perdido poder, nunca se alejó del escenario político. En 1952, Ibañez fue elegido nuevamente presidente, aunque este segundo mandato fue menos autoritario y se centró más en la conciliación y la reconstrucción del país tras años de inestabilidad política. Su gobierno se centró en promover la industrialización y el desarrollo económico, así como en mejorar las condiciones sociales.

A lo largo de su vida, Ibañez enfrentó múltiples críticas y desafíos, pero su legado fue significativo. A pesar de las controversias que rodearon sus mandatos, se le reconoce por haber sido una figura clave en el proceso de modernización de Chile y por su capacidad de liderazgo en momentos difíciles. Falleció el 28 de abril de 1960 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, dejando un legado complejo que sigue siendo objeto de estudio y debate en la historia política chilena.

Su vida es un testimonio de las tensiones entre el poder militar y civil en Chile, así como de los cambios sociales y económicos que marcaron el siglo XX en el país. Carlos Ibañez del Campo es recordado no solo como un político, sino como un símbolo de una época de transformación en la historia chilena.

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